Hace mucho tiempo, antes de crear mi emprendimiento y empezar a trabajar con todas mis fuerzas y energías en esta sex shop, me encontraba caminando por la calle con mi pareja y en una de esas le dije, Ay, mira, una sex, shop, ¿y si entramos? Me contestó que sí, colorado, un poquito apenado, pero me dijo que sí, vamos pa dentro. No sé qué me llevó a llevarlo y a llevarme adentro de esa sex shop. Nunca me había interesado mucho ese mundo ni nada fuera de lo común. Quizás a nuestra relación le hacía falta picante. El hecho es que entramos y preguntamos por un par de cosas que vimos, pero después de un momento vimos un vibrador a control remoto. Se lo señalé a mi novio y de una intercambiamos miradas de complicidad. Ya habíamos visto los videos de parejas jugando con vibradores en la calle, muy divertidos, pero jamás habíamos hablado de eso. Cada quien se había topado con los videos y hasta ahí. Pero cuando lo vimos ambos pensamos y sentimos lo mismo. Esto. Esto es lo que necesitamos en este mismo momento. No podemos dejar pasar esta oportunidad. Compramos el vibrador y claramente a ambos nos excitaba la idea de utilizarlo cuanto antes. Después de comer y de darnos unos cuantos besitos, le comenté que me retiraría al baño para colocarme el huevito vibrador y le entregué el control remoto. Me coloqué el huevito, volví a la mesa y le pedí que fuéramos a comer un helado. Creo que ambos temblábamos de excitación. Yo lo miraba mientras él mantenía la mirada fija en el camino y me calentaba su seriedad. Estaba esperando a que en cualquier momento mis piernas empezaran a temblar. Y nada. Él no hacía nada, jugaba con mi impaciencia. Después de un momento, me distraje, y cuando menos lo esperaba, pasó. íbamos sujetos de la mano, se la apreté, se me retorcieron las piernas, solté un pequeño gemido y me llevé la mano a la boca. Volteé a mirarlo y vi cómo me sonreía pícaramente. Una pareja de nuestra edad nos observó por un momento con curiosidad y yo, entre la pena y la calentura por ser descubierta mientras temblaba de placer, agarré a mi novio y caminé un poco, me le acerqué al oído y le pedí que parara por un momento. Paró y seguimos caminando hacia el postre, no sin antes hacer un par de paradas técnicas para besarnos y acariciarnos. Cuando llegó el postre, yo le empecé a pedir con los ojos que reiniciara el aparato. Estuve a punto de alcanzar el clímax mientras clavaba mis uñas en su pierna. Pero justo antes de llegar, él paró, lo miré con una rabia coqueta y lo besé. Cuando llegamos a la casa, tuvimos el mejor sexo que llegamos a tener hasta ese momento...
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